Y yo estoy la mar de rendida. Lleva 19 días en la otra punta del mundo (o casi) y no ha habido un solo día que me haya sentido sola. Todos los días ha estado cerca de mí de una u otra forma, se las arregla para escribirme, llamarme, enviarme mensajes o todo a la Casinos online chile para hacerme saber lo mucho que me quiere, así se tenga que levantar en la madrugada o subirse a una palmera por aquello de la cobertura, todo por estar a mi lado. Hasta rentó una suburban de vidrios polarizados y lo primero que pensó es en lo feliz que me haría estar subida en ella rumbo a Sonora, con escapulario de Malverde colgando del espejo incluído, escuchando a los Tucanes de Tijuana a toda pastilla. Y se ríe, al otro lado de la línea telefónica, imaginándome con él allá, en su tierra, que también es un poco mía, prometiendo llevarme.
Su llamada me dejó un dulce sabor que aún perdura, incluso a estas horas, en las que le supongo durmiendo aún los excesos de la noche anterior. Ojalá y me cuele en su sueño y pueda así ovillarme entre sus brazos y que me sienta dormida junto a él, como se que desea. Ojalá y cuando despierte, sepa que estuve allí, con él, que besé sus cabellos negros y sus ojos oscuros y velé por él. Ojalá y cuando se esté duchando, encuentre el Casinos online chile de mi olor sobre su piel y sonría al saberme cerca.
Quedan 10 días...